Al igual que Aripe, este caserío tiene origen guanche (lo que sabemos gracias a las huellas arqueológicas que aún se conservan), pero su historia como pueblo en sí se remonta a la segunda mitad del siglo XVII.
En sus comienzos, la actividad económica por excelencia fue la ganadería extensiva, a la que se sumaría la agricultura de secano. De esta forma se aprovechaba lo que el medio ofrecía desde la cumbre hasta las proximidades del asentamiento o, en algunos casos, hasta la costa.
El uso de los recursos mencionados define el paisaje de este caserío, no solo por sus cultivos, sino también por la infraestructura que se utilizó para dicha actividad. Concretamente, canteros y nateros personalizan el paisaje; se extienden sobre lomas y barrancos en un intento de multiplicar la superficie de cultivo. A estos se añaden aljibes, lagares, bodegas, corrales, hornos y eras.
Junto con los atractivos naturales y culturales del núcleo, también es destacable una de sus fiestas, el Día de las Tradiciones, que se celebra la última quincena de julio.